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Una polémica muy interesante se desató durante el entrenamiento dominical de atletismo, en el grupo al que usualmente asisto, cada fin de semana.

Un par de ejecutivos exitosos integrantes del grupo, intercambiaban sus puntos de vista sobre la pasión por el trabajo, a medida que recorríamos los 18 kilómetros programados para la sesión de ese día.

La animada conversación derivó en una polémica, tan pronto se tocó el tema de la “falta de mística laboral” por parte de los jóvenes en su trabajo. Como fiel defensor de las nuevas generaciones, me incorporé al diálogo, intentando presentar los brillos que los caracterizan.

El desenlace de la polémica, luego de hora y media de entrenamiento, fue tan inesperado como revelador: total coincidencia en el innegable hecho de estar frente a un nuevo ser humano en el trabajo.

Post 12

Aquella fue la primera vez que "presenté en sociedad" el concepto Gestión de la Felicidad en el Trabajo, con los resultados de mi investigación sobre las nuevas generaciones y su impacto en el entorno laboral.

Se trataba de un amigable conversatorio con una decena de gerentes de Servicio al Cliente, provenientes de diferentes organizaciones de un importante grupo empresarial colombiano.

A medida que presentaba los argumentos acerca de cómo los jóvenes hoy necesitaban un abordaje diferente, especialmente desde la forma de liderarlos, recibía un feedback que se podría resumir entre sentimientos que iban del desconcierto a la molestia con mis planteamientos.

Una de las ejecutivas presente, por ejemplo, manifestó estar de acuerdo con la filosofía de su jefe, vicepresidente de una gran operación del retail, que reducía el fenómeno a la "falta de rejo" que había caracterizado su niñez, refiriéndose a los jóvenes que hoy trabajaban en la empresa.

Post 11

Me encontraba ante medio millar de asistentes a un evento de innovación y liderazgo convocado por una importante organización del sector financiero y luego de mi intervención sobre las nuevas generaciones en el lugar de trabajo, se abrió el espacio de preguntas y respuestas.

Uno de los líderes asistentes, de forma enfática, expresó su convencimiento alrededor de que mis planteamientos, si bien le parecían bien fundamentados, los consideraba algo alarmistas en la medida en que él pensaba que las organizaciones no tendrían mayores consecuencias en su devenir empresarial futuro, si decidieran no implementar la gestión de la felicidad.

Ante este categórico planteamiento del participante en el evento, opté por presentarle al menos tres consecuencias reales para las empresas que están decididas a no ocuparse del tema en el próximo futuro.

Una vez expresadas, le manifesté que él estaba en todo su derecho de evaluar la gravedad de las consecuencias enunciadas y que mi tarea terminaba en la presentación de los potenciales escenarios que dicha actitud podría desencadenar en el desempeño de su negocio.

La seriedad en su rostro y el gesto reflexivo que acompañó los segundos posteriores a mi respuesta, fueron un indicador claro de la valoración que en su mente estaba realizando sobre el potencial impacto de no llevar la gestión de la felicidad a su empresa, cuanto antes.

Post 10

El joven escuchaba con atención las palabras de veterano gerente, que desde ahora sería su jefe en el nuevo empleo que había aceptado.

Con algo de confusión, que se reflejaba en el rostro, trataba de seguir la línea central del argumento que expresaba el ejecutivo, en sus palabras de bienvenida.

La pretendida charla de inspiración, giraba alrededor de cómo ahora que hacía parte de su equipo, quien sería su , se comprometía a ayudarle a alcanzar el éxito, siguiendo el infalible camino que él había recorrido durante los últimos 20 años.

A medida que avanzaba la presentación del nuevo jefe, un pensamiento iba ganando en claridad en su mente: quizás se había equivocado al ingresar a esa compañía.

Sus expectativas de realizar un trabajo relevante, en medio de un ambiente de trabajo agradable y con disfrute por la tarea, se desvanecían con cada palabra de su nuevo líder.

La filosofía de trabajo hasta el cansancio, como manifestación de compromiso y un sendero lleno de cargos que se debían conquistar en forma paulatina como sinónimo de éxito,  parecían ser aspectos muy importantes para su jefe. Eso ratificó la sospecha sobre el error que había cometido.

En sólo semanas, la profecía se hizo realidad, hasta puntos insostenibles. Las referencias constantes hacia la necesidad de darlo todo en aras de alcanzar el éxito, para sólo así disfrutar de la felicidad por el trabajo bien hecho, no encajaron en la filosofía del joven empleado. Todo esto, precipitó su renuncia irrevocable.

lozano
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